Siempre que escribo sobre Israel hay un lector que pregunta: usted es judío? La pregunta es reveladora. Significa que solamente un judío puede ser lo suficientemente loco (o sanguinario) para considerar que en el conflicto palestino-israelí es Israel el que tiene la razón.
Esto refleja los tiempos que corren, debidamente creados por la prensa. Es lógico que Israel no tiene razón, dicen. Es lógico que Israel siempre quiso expulsar a los palestinos de su territorio. Es lógico que Israel no quiere la paz.
Lamentablemente, nada de eso es lógico y, todavía peor, nada de eso resiste a la historia. Si, la construcción de asentamientos en Cisjordania más que un crimen es un error. Si, Netanyahu es casi una “paloma” en su Gobierno cada vez más radicalizado.
Y, si, la derecha israelí ja no creen en la existencia de dos Estados después de la retirada de Gaza (y de los cohetes que Hamas comenzó a lanzar contra Israel).
Pero antes de llegar a esta triste conclusión, es preciso decir tres cosas que cualquier persona alfabetizada logra entender.
Primero: Hamas, que es tratado por la prensa como una mera “facción”(o hasta mismo como un interlocutor válido para la paz), es una organización terrorista e islámica que ni siquiera reconoce el derecho a la existencia de Israel. Es algo menor? No. Es esencial. El conflicto de Israel con la Autoridad Palestina es un conflicto territorial. Es una discusión sobre fronteras; sobre la soberanía de Jerusalem; sobre el destino de los refugiados palestinos; sobre el acceso al agua, en fin, una discusión nacional.
El conflicto con Hamas es un problema ideológico. Basta leer la carta fundacional del grupo. Después de declarar la fidelidad y la Hermandad Musulmana (artículo 2) y de invocar los “Protocolos de los Sabios de Sión” (artículo 32), como argumento de autoridad (un documento elaborado por la policía zarista del siglo XIX para “probar” la conspiración judía para dominar el mundo), Hamas no quiere un Estado Palestino junto a un Estado Judío.
Quiere, sin compromisos de cualquier especie, la destrucción del “invasor sionista” (artículo 28), del Mar Mediterráneo hasta el río Jordan. Los cohetes que Hamas lanza no buscan revindicar nada: son la incapacidad de aceptar que los judíos vivan en el “wadf”(tierra inalienable de los musulmanes – artículo 11).
Creer que Hamas es un “socio” para cualquier “proceso de paz” es no entender la naturaleza yihaditas del grupo. Hamas no lucha en nombre de Palestina. Lucha en nombre de Alá.
Segundo: Cuando se habla de los “territorios ocupados”, Gaza ya no entra en el paquete. Israel se retiró de Gaza en el 2005. El territorio – un antro de pobreza y corrupción – es gobernado por Hamas desde la victoria en las elecciones parlamentarias de 2006. A partir de ese año, Hamas entendió la retirada israelí como una victoria del terrorismo – y no como el primer paso para crear las bases de un futuro Estado palestino.
Después de Gaza, vendría Cisjordania y finalmente la totalidad de Israel. Una pretensión lunática que, sin sorpresas, comenzó con chocar frontalmente con la posición más moderada de la Autoridad Palestina. Resultado?
En el 2007, Hamas y Fatah (una facción de la OLP) vivieron una guerra civil que tuvo que ser frenada por Israel.
Por último, todas las personas saben que la solución más realista para resolver el conflicto pasa por la existencia de dos Estados con fronteras seguras y reconocidas. Así fue antes de la partición de Palestina realizada por la ONU (recordemos, Comisión Peel 1937). Así fue con la Partición propiamente dicha en 1947. Y, para quedarnos con los últimos años, así fue en Camp David (2000). Fue el lado palestino que recuso esa división – el mayor crimen cometido por Yasser Arafat contra su propio pueblo.
De tal forma que, hoy, ya pocos creen en divisiones. Los líricos hablan de un Estado binacional para judíos y árabes (un delirio que ignora, por ejemplo, lo que pasó en la antigua Yugoslavia). Los resignados hablan de tres Estados: el de Israel, el de Cisjordania (quizás con contactos con Jordania) y Gaza (el antro de Hamas).
¿Simples meditaciones de un judío?
No. Para comenzar, no soy judío. Y, para terminar, no es preciso ser judío para comprender que, a veces, y contras nuestras emociones, Goliat tiene más razón que David.
David y Goliat
25/Jul/2014
Revista Veja (Brasil)- Joao Pereira Coutinho (traducido por Gabriel Korytnicki de COPREDI)